Háblame de la emigración

Aunque Antonio trabajaba como taxista, a los veintinueve años decidió marcharse a Inglaterra para mejorar económicamente. Llegó a Londres en 1963 sin saber nada de inglés y, como él mismo dice, «sabiendo leer, escribir y poco más». Sin embargo, la inmersión lingüística en el país le resultó bastante fácil, enseguida se soltó con el idioma al empezar a trabajar y echar horas a diario con ingleses.
Hizo todo tipo de trabajos en la hostelería, en la limpieza de hoteles, como ayudante de cocina, de panadero… Nadie le enseñó ninguno de los oficios, pero fue aprendiendo a base de fijarse en los demás; así fue escalando hasta llegar a cocinero.
Al año de llegar a Londres tuvieron una niña. Por este motivo, la mujer viajó de nuevo a Galicia con la pequeña para dejarla al cuidado de los abuelos, como hacían tantas otras familias; permaneció allí seis meses y luego volvió a Inglaterra para seguir trabajando de camarera.
Su vida en la emigración estuvo consagrada al trabajo sin descanso, los días que tenía libres en el hotel los aprovechaba para trabajar en la cocina de otro restaurante. Su objetivo era ahorrar dinero para volver pronto y montar un bar en A Coruña, aunque sus planes no llegaron a término. Acabaron echando en el Reino Unido diez años, y al retornar en el año 73 pasó a ser jefe de cocina en la marina mercante en varios barcos, con lo cual continuó recorriendo mundo.

En la cubierta del barco que transportaba 6000 coches desde Japón a Europa y desde Europa al Golfo Pérsico, con el capitán del barco y su mujer
En el barco en el que dio la vuelta ao mundo cuatro veces entrando por Panamá y saliendo por el Canal de Suez
Foto 3
En el comedor del barco preparando el buffet el día de Nochebuena
En una escala en Taiwan
En el restaurante de Bauznemouth en Inglaterra de jefe de cocina con el equipo de ayudantes