Háblame de la emigración

José emigró a Panamá en 1950, con catorce años, donde vivía su padre, y de allí se marchó a Venezuela cuatro años después, un destino muy común en aquel entonces.
Venezuela le dio muchas oportunidades: con diecinueve años entró a trabajar en una institución militar durante nueve meses, luego lavando platos, como camarero, o secretario de 2.ª… Con mucho esfuerzo y sacrificio trabajaba por el día y cursaba el bachillerato por nocturno, la que considera la mejor decisión de su vida, ya que le permitió, como dice él, no traer mucho en el pecho, pero si en el cerebro.
Después se matriculó en Psicología y en el año 1971 comenzó a trabajar en la universidad. Se casó con una compañera de estudios y tuvieron tres hijos, los tres con estudios universitarios. Una vez jubilado regresó a Galicia.
Para José el problema que tiene la emigración es la adaptación a las costumbres, a la cultura, pero considera que si él lo hizo, también lo puede hacer cualquiera. «No por inteligencia, sino por constancia y por mi habilidad para adaptarme al país, pude estudiar, graduarme, graduar a tres hijos. Y cualquiera que haga el esfuerzo y tenga inteligencia adaptativa puede hacerlo».
Para José la readaptación en Galicia está siendo dura. De hecho, comenta que le está costando más de lo que se podía imaginar.