Háblame de la emigración

Cuando el marido de Carmen se quedó sin trabajo pensó en embarcarse. No obstante, como deseaban estar juntos, decidieron emigrar, una decisión tomada con el corazón y con el pensamiento, ya que en Galicia no había oportunidades.
El destino escogido por el matrimonio fue Rotterdam, animados por otros amigos que trabajaban allí, en una ciudad que les había gustado cuando la visitaron como turistas. Rotterdam, cuyo puerto en aquella época era importantísimo, les descubrió otro mundo. En aquel momento había salido aprobada una normativa conforme a la cual las personas extranjeras que no tuviesen trabajo tenían que abandonar el país, por lo que tuvieron que solicitar permiso y conseguir un empleo.
Carmen sabía costura y comenzó a trabajar en una fábrica de confección. Al principio fue difícil porque era un trabajo en cadena, con un límite de veinticinco piezas por hora, y ella estaba acostumbrada a realizarlo libremente y de manera artesanal. Mientras, su marido trabajaba en los tranvías de la ciudad.
En Rotterdam se relacionaban con muchos españoles y muchos gallegos, lo cual le dificultó el aprendizaje del idioma, pero Carmen se integró con facilidad. Tenían una buena vida y compraban cosas que en Galicia aún no existían. El país los acogió maravillosamente, buena prueba de ello es que a su marido le reconocieran una pensión con treinta y cinco años, algo que aquí era impensable. Carmen comenta que no solo no se arrepiente de lo que hicieron, sino que bendito el momento en que tomaron esa decisión.

Con su marido con el traje típico holandés
Fábrica holandesa