Háblame de la emigración

Esmeralda emigró de jovencita y soltera, animada por la presencia de cuatro de sus hermanos en Venezuela, que estaban trabajando y con buena posición. Procedía de una numerosa familia de labradores, por lo que la emigración era su salida natural, y los gallegos, muy bien valorados, tenían muchas facilidades para encontrar trabajo.
Venezuela era un país muy avanzado industrialmente y encontró un empleo de interna con una familia cuidando de sus dos hijos. Durante dos años fue por las tardes al Centro Venezolano Americano para aprender inglés, ya que otra de sus hermanas vivía en EE.UU. y su idea era irse para allí.
En 1966 se mudó a la ciudad de Madison, estado de Wisconsin (EE.UU.), también de interna para cuidar de un niño de un año. Como el invierno era muy frío, al cabo de un año se trasladó a Florida, buscando un mejor clima y playa. Permaneció en ese estado cinco años maravillosos, donde se siguió formando y mejorando su inglés llevada por su inquietud por aprender, y donde hizo amistad con mucha buena gente de diferentes comunidades, entre ellos chinos.
Sus condiciones laborales le permitieron tener una buena vida, casa propia y coche. Pudo viajar y conocer bastantes ciudades americanas y venir de vacaciones todos los años a Galicia. La diferencia entre los modernos EE.UU. y su Galicia natal era abismal, pero decidió regresar por amor, cuando en unas vacaciones conoció a su marido.

Foto tomada en 1967
En clase de inglés con sus compañeros