Háblame de la emigración

Las condiciones de emigración de Isidro fueron diferentes a las de hoy en día, y dice que se le rompe el corazón al ver a los chicos y chicas gallegos de ahora tener que marcharse por motivos laborales. Isidro, ya casado y con hijos, se fue a Venezuela en 1976 con su empresa gallega para hacer obra fuera de nuestras fronteras.
En principio se marchaba durante seis meses, que luego se convirtieron en trece años, ya que un amigo que tenía buenos contactos en el país le aconsejó permanecer allí al finalizar el trabajo con su empresa, pues Venezuela era un país de oportunidades. Isidro no lo dudó ni un momento y se quedó. Durante las siguientes semanas, el amigo le pagaba el hotel y le daba dinero mientras hacía las gestiones para buscarle un trabajo en la construcción naval.
Se lo encontró en un astillero en Sucre, Cunaná, una ciudad muy bonita, y a partir de ese momento fueron su mujer y, más tarde, sus hijos. Vivían en un piso buscado por el astillero, el cual le amueblaron, dándole todas las facilidades. Estuvo trabajando allí hasta el año 1983, con un buen salario para mantener a la familia y para viajar a Galicia en las vacaciones.
Posteriormente se mudaron a Caracas, donde vivieron muy bien cinco años, hasta que se produjo el levantamiento social provocado por la subida de la harina para la arepa, alimento básico para las clases más necesitadas, que provocó episodios vandálicos y de inseguridad ciudadana. Este acontecimiento hizo que tomaran la decisión de regresar, primero su mujer y él y luego sus hijos.

Con su mujer e hijos en la Comunión del hijo mediano
En la celebración de la Comunión con sus dos hijos más pequeños y un amigo
Tarde en el parque en Sucre, Cananá, Venezuela