Háblame de la emigración

Antonio Maseda nació en 1941 en Vilapedre, Vilalba (Lugo), en una pequeña aldea de la montaña. Allí llegaba información de lo que ocurría en otros lugares a través de las cartas que enviaban los familiares que ya estaban en la emigración. Así, Antonio fue el primero de sus hermanos en emprender rumbo al extranjero. Con tan solo 15 años, en 1957 embarcó en Vigo en un barco de carga de mercancías con destino a Argentina, en un viaje que duraría diecisiete días.

Todavía hoy recuerda como la gente se mareaba con los movimientos del barco, y que aquella noche les dieron coliflor para cenar; ya nunca más pudo disociar la coliflor de este recuerdo. Al llegar a Buenos Aires, se fue a vivir con unos tíos que le consiguieron un empleo en una tienda de fotografía. Antonio estaba acostumbrado a trabajar al aire libre, en la aldea, y el empleo en el estudio fotográfico le resultó triste, siempre a oscuras, metido en el laboratorio de revelado.

Argentina le dio la oportunidad de formarse y de conseguir el certificado de estudios primarios, ya que en su infancia apenas pudo ir a la escuela, y posteriormente estudió electrónica. Años más tarde, creó su propio negocio junto a otro socio, con el que consiguió estar en una muy buena posición económica, llegando a tener trabajadores a su cargo. También guarda muy buenos recuerdos de la vida social que se hacía alrededor del Centro Lucense, en el que se reunía buena parte de la emigración gallega.

Se casó en Buenos Aires y allí tuvo tres hijos. Tras dieciocho años emigrado, y sin venir nunca para ver a sus padres, pudo volver en 1974, con ocasión de su boda, cuando pasó tres meses de vacaciones en Galicia. Antonio cuenta emocionado como su madre tenía a todos sus hijos emigrados, y que hizo la promesa de que el día en que los viera a todos juntos de nuevo, haría ella la fiesta de la parroquia, y así fue. En ese año se juntaron todos los hermanos en la aldea para celebrar un bonito reencuentro.

Antonio estuvo en Argentina hasta 1989, cuando la situación económica empezó a empeorar y crecieron los problemas de inseguridad. En aquella altura sus hijos tenían 5, 10 y 13 años y, viendo esas perspectivas de futuro, tomó la decisión de volver junto con su mujer, los hijos, los suegros, y los tíos de él.

Antonio afirma que su verdadera emigración fue la vuelta a Galicia. Tras 30 años viviendo en la ciudad bonaerense, se sentía ya más argentino que gallego, pues se marchó con tan solo 15 años y siempre se sintió muy integrado y bien acogido, y se acostumbró rápidamente. Al volver, sus hijos y su mujer se adaptaron muy bien, pero él tuvo que buscarse la vida, ayudado por sus hermanos. Empezó como comercial para fábricas de calzado, y aunque finalmente consiguió sentirse cómodo, le costó pasar de empresario emprendedor a comercial de calzado.

Actualmente, cuando puede, sigue viajando a Argentina, un país que aun siente como propio.

Antonio en Buenos Aires
Antonio con su familia en la primera comunión de su hijo
Antonio con su hermana al día siguiente de llegar a Buenos Aires
Antonio con su hermana en los jardines del Centro Lucense
Visita de su madre
Visita de su padre