Háblame de la emigración

Enriqueta emigró a Alemania en 1967, donde permaneció durante siete años, hasta 1974. Se fue motivada por el deseo de encontrar una vida mejor, como muchas otras personas de su generación, que tenían la percepción de falta de oportunidades y de expectativas en una España sumida en la posguerra y con una férrea dictadura. Alemania, sin embargo, parecía un buen destino, ya que contaba con un desarrollo industrial elevado y ofrecía muchas oportunidades de empleo.

Se fue muy joven, aún no había cumplido los 18 años, «llamada» por una hermana suya que ya llevaba dos años en el país. Esta le arregló la ida, pudiendo instalarse allí de forma legal y con contrato de trabajo. Su primer empleo fue en una fábrica de prendas de ropa, donde estuvo durante tres años. Luego se fue a trabajar a una fábrica de muebles, a la que tenía que desplazarse en tranvía, tiempo que aprovechaba para realizar un curso de alemán básico por correspondencia; y posteriormente, empezó a trabajar como vendedora en unos grandes almacenes, como ella reconoce, de nombre impronunciable: KarstadtAktiengesellschaft.

Actualmente dice no tener queja de su acogida en Alemania. Vivía en un pueblo pequeño donde todos se conocían. El cura católico les saludaba y les hablaba de Santiago de Compostela, pues era lo único que les sonaba de Galicia. Recuerda que en las iglesias, en esa época, hacían colectas contra el hambre en España, lo cual mostraba la gran diferencia que había en aquel momento entre los dos países europeos. En general, su integración fue muy buena, tanto, que le costó más reintegrarse en Galicia después del retorno.

Mantenía la relación con la familia por medio de cartas, sentía mucha saudade da terra. Echaba sobre todo de menos a sus padres y por eso finalmente se decidió a volver. Concretamente el fallecimiento de su padre y las cartas de su madre pidiéndole regresar fueron el detonante que le hizo venirse, a pesar de que se sentía muy a gusto en el país germánico.

A día de hoy, Enriqueta se siente bien, sin embargo, su experiencia en Alemania le dejó una profunda huella cultural. Considera que a pesar de haber estado tan solo 7 años, fue tiempo suficiente para que ahora su mentalidad sea más de allí que de aquí. En la actualidad, recibe puntualmente una pensión del país extranjero.

En la fábrica en Alemania
A orillas del Rhin
En una reunión con amigas