Háblame de la emigración

Aurelio se marchó con un hermano a Argentina en junio de 1962, cuando contaba 16 años. El viaje hasta Buenos Aires en barco duró diecisiete días. Cuando llegaron tenían allí esperándoles a otros tres hermanos que les facilitaron mucho la adaptación en el país americano.

Desembarcó en la gran ciudad sin estudios ni conocimiento de ningún oficio. De este modo, se decidió a hacer allí, nada más llegar, un curso de peluquería. Estuvo dos meses en prácticas y empezó a trabajar como ayudante en un salón durante un tiempo, recomendado por la academia en la que había realizado el curso, para luego pasarse a otro donde permaneció tres años. Fue ampliando su experiencia en el trabajo, mientras estudiaba secundaria e inglés y un curso de administración de empresas. Esta preparación le animó a abrir su propio negocio, primero en un barrio en las afueras de Buenos Aires y después en una zona más céntrica donde contaba con clientela con mayor poder adquisitivo.

Se fue presentando a certámenes, llegando a ganar el primer Premio de Peluquería de Caballeros de Argentina y de un certamen internacional en París.

A nivel social se integró bien. Se casó con una argentina con la que tuvo un hijo, pero a los dos años se separaron. En unas vacaciones de regreso a Galicia conoció a su actual mujer, arreglaron los papeles y ella se fue con él a la capital bonaerense, donde tuvieron una hija.

La economía en el país empezó a tambalearse y por eso en el año 1979 hicieron las maletas, aunque no para regresar a casa, sino para tomar rumbo a Madrid. Allí Aurelio comenzó a trabajar en lo que iba encontrando: comercial en el sector inmobiliario, chófer, mayordomo; hasta que se decidió a volver a Buenos Aires para vender el apartamento en el que había vivido, que le reportó el dinero para hacerse con una peluquería en la capital española. Aquel era su oficio y a lo que quería dedicarse, por eso, después de tres años allí reuniendo ahorros, decidieron por fin establecerse en Lugo de forma definitiva con el objetivo de abrir su peluquería. Así fue, compraron un local y montaron un salón de señoras y caballeros.

Hoy tiene buenos recuerdos de su época de emigrante en Argentina.