Háblame de la emigración

Eliseo trabajaba en la mina en Asturias, un empleo peligroso por el que por entonces se libraba de hacer el servicio militar. Tenía entonces veinticinco años y un buen sueldo, pero en aquellos años todos se marchaban para el extranjero, así que para él y sus amigos emigrar fue como una aventura para probar suerte. Primero se marchó un amigo y a los cuatro meses se marchó él, pero antes tuvo que conseguir las recomendaciones necesarias para obtener el pasaporte. Y así, en 1961, se marchó a Suiza en tren y sin hablar ni una palabra en otro idioma que no fuese gallego o castellano.
Su primer trabajo fue en la cocina de un restaurante durante seis meses, pero no estaba muy contento, y en cuanto pudo se cambió para una fábrica de mecánica en la que estuvo hasta 1973. Su último trabajo fue en una fábrica de relojes, donde estuvo hasta 1999, cuando se jubiló con 64 años.
En lo referente a su vida en Suiza, Eliseo lo pasó bien y guarda buenos recuerdos. Mientras estuvo soltero, durante los fines de semana iba a los bailes con sus amigos de Asturias, y después con su señora. Se casó en 1964 y tuvo dos hijas que continúan viviendo en aquel país.
Eliseo considera que tuvo suerte en la vida, que se encontró con gente buena que lo trató bien. Define a los suizos como gente honrada y bondadosa, pero poco extrovertida y alegre. Según su opinión, el éxito de los españoles en la emigración es porque fueron capaces de adaptarse a las costumbres, al idioma y a la vida en el país.
En 1999, después de treinta y ocho años en la emigración, el matrimonio decidió que era el momento de regresar y gozar de la vida un poco. Tomaron la decisión de retirarse y venir a Galicia, donde tenían casa propia.