Háblame de la emigración

Ángela se marchó a Suiza con veintiún años, en diciembre de 1977, por amor. En el verano de 1976 conoció a su marido, que ya vivía en Ginebra, durante unas vacaciones de él en Monforte. Un año después se casaron y se marcharon juntos para Suiza.
Durante los primeros años en el país Ángela no trabajó, ya que el matrimonio tenía un bebé al que ella se encargaba de cuidar. Fueron eses primeros años los más difíciles, no conocía el idioma y no se integraba en la vida del país.
La historia de Ángela es una historia de superación. Ella había estudiado en España un ciclo de formación profesional de Administrativo, y tan pronto pudo comenzó a estudiar francés para poder acceder a un buen trabajo. Al mismo tiempo se fue formando en otros campos, y cuando consideró que estaba preparada consiguió un empleo en uno de los mejores bancos de Suiza. Trabajó allí durante veinticuatro años, siempre en continuo reciclaje y formación. Para Ángela eses fueron los mejores años de su vida.
La relación de Ángela con otras personas emigrantes fue nula, a excepción de aquellas con quien trabajaba, ya que nunca asistía a los centros sociales de gallegos que había en Ginebra. Su vida consistía en atender a su empleo, a su hija y a su marido, y en formarse continuamente para mejorar en su trabajo. De hecho, cuenta que el banco en el que trabajaba había espacios de ocio para sus empleados, cafeterías, gimnasios, etc., a los que nunca acudía.
La relación con la familia que vivía en Galicia era complicada debido a los pocos medios de comunicación que había por aquel entonces aquí. En la Pobra do Brollón, donde vivía su madre, solo había una cabina telefónica en todo el pueblo, y tenían que quedar para hablar de una llamada para la siguiente. Si la comunicación fallaba o se interrumpía era muy difícil volver a hablar.
Su regreso a Galicia tuvo lugar en 2005. Al igual que se marchó por amor, retornó también por amor, ya que su madre y su tía, ambas mayores, necesitaban de sus cuidados. Vivían las dos solas y no querían a nadie en casa para que las ayudara, y Ángela no podía llevárselas a ambas para Suiza. Así que, con todo el dolor de su corazón, tuvo que abandonar el trabajo para cuidar a sus familiares.
Ángela guarda un gran recuerdo de sus años en Ginebra, un país que le dio muchas oportunidades laborales, aunque con mucho esfuerzo y formación.

Dando un paseo por el campo
Con Ginebra al fondo
En la calles de Ginebra