Háblame de la emigración

Dolores Rodríguez López nació en 1945 en Anllo (Sober), en la casa de sus abuelos maternos, en donde vive actualmente. Sus padres, José Rodríguez y Benita López, emigraron a Venezuela en 1955, dejando a Dolores, con 10 años, estudiando en Vigo al cuidado de Sara y Antolín, unos amigos íntimos.
José, su padre, se trasladaba a Pontevedra durante el invierno para hacer aguardiente, y en verano trabajaba como temporero en la siega en Castilla. El resto del año, el matrimonio vivía del estraperlo, al igual que el resto de sus vecinos en Sober. La vida que llevaban era sacrificada y dura, y a la aldea llegaban los ecos de una vida mejor, de progreso y avances en Venezuela. Con 30 y 28 años, una edad tardía en comparación con otros emigrantes coetáneos suyos, José y Benita decidieron marchar a Caracas, animados por sus amigos Sara y Antolín.
En la capital venezolana, el padre de Dolores tenía unos primos con una pensión donde el matrimonio se pudo alojar nada más llegar. Mientras no encontraban trabajo, José, con un dinero que le dejó su primo, compró una cesta de mimbre y huevos que vendía por las zonas residenciales de Caracas para poder subsistir.
La madre de Dolores, Benita, encontró trabajo como planchadora en una casa, y a los dos días la señora de la casa le ofreció cuidar a sus hijos. Este empleo la obligó a tener que acompañarlos a pasar unas vacaciones en la costa, teniendo que se separar de su marido. En este tiempo, también José encontró trabajo como albañil en la construcción del teleférico que unía la montaña de Ávila con Caracas, por lo que la pareja se veía cada quince días. Fue entonces cuando Benita, embargada por la tristeza que sentía por la ausencia de su hija, comenzó a adelgazar de manera alarmante, y José decidió dejar el trabajo para cuidar de su mujer. Benita también dejó la casa donde trabajaba y, a través de un conocido, se enteró de que en una pensión regentada por gallegos de A Coruña buscaban una empleada. Al cambiar de trabajo y vivir de nuevo con su marido, la madre de Dolores se fue recuperando.
Tiempo después, José empezó a trabajar en una empresa de dueños vascos donde vendían persianas, tendederos para la ropa... Cuando los jefes regresaron definitivamente a España, José les compró el negocio, convirtiéndose de la noche a la mañana en empresario. En ese tiempo, los dueños de la pensión donde trabajaba Benita también echaron el cierre para volver a A Coruña, y Benita se empleó al servicio de la familia de un almirante de las Fuerzas Armadas que tenía tres hijos.
A principios de 1960, los padres de Dolores regresaron a Galicia. Su idea era recoger a su hija y llevársela con ellos, pero, cuando fueron al consulado para arreglar los papeles, se enteraron de que, al no tener la nacionalidad venezolana, no la podían llevar. Así que tuvieron que irse de nuevo sin su hija, y reclamarla al llegar a Venezuela. El 24 de mayo de 1960 Dolores viajaba en el barco francés Antilles rumbo a Caracas, acompañada por una señora que había conocido a través de la agencia de viajes.
Una vez en Caracas, Dolores siguió ampliando su formación académica. Como en Vigo había estudiado hasta 3º de bachillerato, en Caracas continuó formándose en secretariado comercial durante año y medio. Después, consiguió su primer empleo en la mejor joyería de Caracas. Allí trabajaba en las oficinas, y cuando tenían mucho público en la tienda ayudaba a atender a la clientela.
A través de una amiga modelo, Dolores conoció a un arquitecto técnico asturiano que le ofreció un empleo en el Banco Unión. Comenzó a trabajar en una sucursal del barrio Conde, donde vivían muchos gallegos, pero tenía muy mala combinación de transporte público para trasladarse a su casa. Sin embargo, tuvo la inmensa suerte de que la secretaria del Banco Unión de Candelaria (otro barrio de Caracas) la llamó para hacer un intercambio de puestos con la aprobación de los jefes. De este modo, consiguió tener un buen trabajo a diez minutos andando de su casa.
Dolores trabajó en esa oficina hasta 1965, año en que pidió la liquidación para venir a Galicia de vacaciones. En abril de 1966 regresó de nuevo a Caracas, y al enterarse de su regreso, el departamento de personal del banco le ofreció de nuevo su puesto de trabajo, aceptando incluso las condiciones que pedía (200 bolívares más de sueldo). Dolores vivió en Venezuela unos años más, hasta que en 1970 decidió que no quería seguir allí. Con 25 años y con la ayuda de su padre, sin que se enterase su madre, decidió regresar a España a escondidas de su madre, ya que sabía que no se lo iba a permitir para no separarse de nuevo. En cuanto su madre supo que su hija regresaba, vino también para Galicia.
Veinte y cinco años después, en 1995, Dolores regresó a Venezuela de vacaciones durante un mes, y allí viajó muchas veces después, siempre que pudo. En el año 2001 aceptó un trabajo que le permitía vivir cinco meses al año en Venezuela y siete meses en España, renunciando a su puesto en la Diputación de Ourense. Durante un año estuvo allí, pero, a raíz de la mala situación de Venezuela, dejó ese trabajo para volver a Galicia.
Actualmente, Dolores sueña con regresar al país que fue tan importante en su vida, y al que considera su segunda patria.

Padres de Dolores en Venezuela