Háblame de la emigración

Después de haber perdido a su padre, Carmen Bargiela tomó rumbo a Venezuela junto con su hermano y su madre. Vivían en una aldea de Ourense, sus posibles económicos eran escasos y se aventuraron sin la ayuda de nadie, sin trabajo y sin saber a quién o a dónde dirigirse. En un baúl llevaban sus pocas pertenencias, entre ellas, una máquina de coser, que Carmen había aprendido a usar para hacer pantalones.

21.000 pesetas, sus ahorros, fue el precio que en aquel momento tuvieron que pagar para hacer el viaje en un barco de carga. Pasaron veintiún horribles días en las bodegas de la nave.

Al llegar a Venezuela, tenían la esperanza de que les esperase un vecino a quien habían avisado, pero allí no apareció nadie. Después de horas en el puerto, una familia que había viajado con ellos en el barco les animó a acompañarles. Se hospedaron en una pensión malísima y fue ahí cuando el mundo se le cayó encima, se pasó la noche llorando.

Al día siguiente las cosas empezaron a ponerse de su parte. Su hermano encontró un trabajo como dependiente en una tienda de ropa de hombre y Carmen vio un anuncio donde se solicitaba personal para hacer pantalones, justo lo que sabía hacer, y también fue contratada. Cosía en casa día y noche, ayudada por su madre.

Al poco tiempo consiguieron cambiar de pensión y más tarde, en el año 1958, alquilaron un piso. Sus vidas estaban encaminadas, su hermano se hizo con el negocio donde estaba empleado y Carmen seguía haciendo pantalones, aunque la fábrica para la que trabajaba acabó quebrando y se quedó en la calle.

En ese tiempo conoció a un chileno muy guapo, Pedro, que estaba viviendo en Caracas y se había vuelto a Chile para montar una panadería con sus hermanos, gracias a lo que había ahorrado en aquellos años en Venezuela. Al volver, Pedro le pidió permiso al hermano de Carmen para ser novios. En 1960 se casaron, un 24 de septiembre, por poderes, ya que Pedro no tenía dinero para venirse. Ya en Chile los dos, trabajaron en la panadería sin descanso, de cuatro de la mañana a diez de la noche, todos los días del año.

Tuvieron dos hijas, su gran orgullo. Con el dinero que ahorraron se compraron una casa en España y les pagaron los estudios a sus hijas. Una de ellas está cualificada como una de las 10 mejores profesoras de Biología en EE.UU, donde vive; la otra reside en Ourense, donde también ellos han acabado por establecer sus vidas.