Háblame de la emigración

Gilberto no emigró por voluntad propia, sino que se lo llevaron sus padres cuando tenía nueve años. Se marcharon ocho miembros de la familia juntos en el mismo barco: sus padres, él y sus hermanos, dos de sus tíos y un primo. Embarcaron en Vigo el 17 de diciembre de 1950 en un barco de carga de mercancías en el que dormían en una hilera de literas en la bodega de carga. Así llegaron a Bueno Aires el 5 de enero de 1951.

En realidad su viaje fue un reagrupamiento familiar, sus abuelos ya habían emigrado a Argentina y dejado aquí a sus hijos, que fueron juntando poco a poco. Con el tiempo consiguieron llevar a América a seis de ellos. Los abuelos eran una familia labradora en la parroquia de San Ramón de Bealo que, como muchos otros vecinos, se marcharon a buscar una vida mejor en América.

Con nueve años, Gilberto recuerda que durante el viaje en el barco se juntó con un grupo de niños con los que hacía travesuras. En una ocasión abrieron el agua de todas las duchas, empozando el agua para hacer una piscina; acabaron, eso sí, rindiendo cuentas en la comisaría de abordo.

Al llegar a Buenos Aires, Gilberto fue a la escuela, pero a los trece años ya empezó a trabajar en una fábrica de calzado, donde estuvo hasta los quince. Después entró a trabajar en la pizzería Las Cuartetas, en la calle Corrientes, donde ya trabajaba su padre. Cuenta que «En aquel tiempo mi padre hacía tres turnos de trabajo seguido, era una pizzería muy grande, con ciento veinte empleados, y se gastaban sesenta sacos de harina y se servían tres mil pizzas diarias». Un tiempo en el que en Galicia nunca una pizza se había visto…

Gilberto conoció a su mujer en el Centro Lucense, donde había bailes todos los domingos y se reunía la extensa comunidad gallega bonaerense. A los veintiún años cogió el traspaso de una cafetería y trabajó siempre por cuenta propia como empresario de hostelería. Al final, su padre compró la pizzería Las Cuartetas, que sigue existiendo actualmente, y de la cual sigue siendo accionista https://www.facebook.com/LasCuartetas/

El motivo de su retorno fue la creciente inseguridad. Un día secuestraron un niño de nueve años, amigo de sus hijos, para pedirle un rescate a la familia. En aquella época, Gilberto trabajaba duramente en su negocio y era sabido que ganaba dinero, «Gallego, ¿cuánta plata ganan ustedes?». El miedo a sufrir una situación semejante fue lo que motivó a buena parte de la familia a retornar. Reconoce, asimismo, que él no tenía muchas ganas de venir; ya llevaba buena parte de su vida en Buenos Aires. Una vez en Compostela al principio le costó rehacer su vida, pero acabó por poner su propio negocio hostelero.

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