Háblame de la emigración

Era 1951 cuando José María, con dieciséis años, se marchaba para Panamá con su padre. A pesar de llevar diez años sin haberlo visto y apenas recordarlo –su padre había emigrado antes para allí, teniendo él seis años– decidió emprender la aventura de su vida con él. El viaje empezó en avión, un medio poco habitual en aquel entonces, aunque las circunstancias del viaje fueron muy distintas a las que se darían hoy: después de dos días en un avión de hélices, recorrió un larguísimo itinerario de Madrid a Lisboa, de allí a Senegal, después Paramaribo, Surinam, Curaçao, Cartagena de Indias, y, finalmente, Panamá.

José María estuvo en el país americano de los dieciséis años a los veintiuno, y luego volvió a hacer la mili a España en 1959, regresando después nuevamente a Panamá. En este período regentó, en régimen de concesión, la cafetería de un hospital. Años después dejó este negocio y montó su propia empresa constructora. Hoy por hoy sigue vinculado con Panamá, donde aún posee un edificio.

José María se casó y tuvo a sus hijos en Panamá. Fueron precisamente motivos familiares los que lo motivaron a retornar; la posibilidad de que sus hijos desarrollaran su vida allí dificultaba las posibilidades de retorno, por eso volvieron siendo aún unos chicos.

Foto 1
Foto 2
Foto 3