Háblame de la emigración

José, originario de una familia labradora de Noia con muchos hermanos, emigró porque «no había trabajo ni otra forma de vida». En su casa natal vivía el hermano mayor. Después de recibir una llamada de un primo que tenía en Río de Janeiro, se decidió y se marchó con veinticinco años. Embarcó en una naviera italiana en el Castle Bianco donde pasó quince días, el tiempo que llevaba el viaje.

Al llegar a Brasil trabajó como ebanista, en condiciones muy difíciles y con mucho sacrificio. Se levantaba a las cinco de la mañana, tardaba dos horas en llegar al trabajo cogiendo varios transportes, entre ellos un tren en el cual muchos de los pasajeros iban enganchados de las puertas por fuera, y después aún debía coger un autobús para llegar a Copacabana. Con el tiempo hizo su propia casa y puso una carpintería en el bajo, comenzando a trabajar por cuenta propia.

Su juventud la vivió en Río de Janeiro, donde se casó y tuvo hijos. La Casa de Galicia era un punto de referencia importante para todos los emigrantes gallegos en Río, donde había mucha actividad cultural y recreativa, y sobre todo una gran convivencia y solidaridad entre los gallegos.

José recuerda que la vida en Brasil era muy diferente a la de Galicia. La ciudad era muy insegura; al poco tiempo de llegar, una noche cuando regresaba de una fiesta presenció cómo dos chicos le pegaban un tiro a un hombre que caminaba delante de él, sin motivo, como simple diversión. Durante su vida allí tuvo que aprender a convivir con los malandros, evitando tener problemas con ellos.

Como muchos otros emigrantes a América, José no regresó a Galicia durante veintiún años. Durante ese largo período echó mucho en falta Galicia y a su familia, pero los medios de transporte en la época favorecían poco el retorno y, por otra parte, al rehacer su vida en Río, los años iban pasando sin darse cuenta.

En 1974 su mujer y sus hijos de doce años fueron de viaje, y le insistieron mucho a José para que regresase. Desde que volvió finalmente en 1976 con cuarenta y tres años, y después de tan larga ausencia, aún trabajó diecisiete años como carpintero en Galicia. Recuerda la llegada como un momento muy emotivo en el que se «sintió en el aire». Está muy satisfecho de haber regresado y visto aún con vida a sus padres; pero la adaptación también le resultó difícil y aún hoy echa de menos a alguna gente de allá. «Vuelves y eres coma un extraño».

A pesar de todo, su valoración de la emigración es que se hace por necesidad: «mi propuesta es que cada uno viva en su país».

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En Brasil