Háblame de la emigración

Jesús María nació en 1932 en el seno de una familia de pequeños labradores. En 1965, con 33 años de edad, decidió emigrar a Holanda en busca de oportunidades de trabajo que en su tierra no tenía.

Instalado en Haren, Jesús empezó a trabajar en una fábrica textil. En un primer momento vivía en la residencia Nuestra Casa, formada por pequeñas casas para ocho personas donde vivía con otros gallegos. En aquel tiempo, la emigración gallega era tan masiva, que Jesús cuenta como los holandeses les decían, con sorna, halando de la competencia espacial entre soviéticos y americanos por llegar a la Luna, que al llegar se encontrarían allí a algún gallego.

El aprendizaje del idioma le resultó difícil, pero con la ayuda de los compañeros y de un pequeño diccionario no tuvo problemas para entenderse en el quehacer diario. Después de esta etapa inicial, Jesús se marchó a Leiden para trabajar en un matadero donde le ofrecían mejores condiciones laborales. Se trataba de un trabajo en cadena, donde se respiraba disciplina y, al mismo tiempo, compañerismo.

Su período en la emigración duró apenas cuatro años, ya que en 1969 regresó a Galicia, muy contento con la experiencia vivida y con el trato recibido en Holanda. Destaca la buena gente con la que se encontró, ya que siempre se ayudaban unos a otros.

Jesús añoraba la calidad de la comida gallega, sobre todo el «caldo de la abuela», pero, lo que realmente motivó su decisión de regresar fue su mujer y su hijo, que quedaran aquí con sus padres. La añoranza de los suyos por la separación familiar y el hecho de que le surgiera una buena oportunidad laboral en el Hospital Xeral de Santiago trajeron a Jesús de vuelta a casa.