Háblame de la emigración

Con 22 años de edad, Joaquín decidió emigrar para huir de la pobreza, ya que aquí no veía opciones de futuro. Uno de sus primos, que ya residía en el País Vasco, lo animó a marcharse para allá, y en 1961 se decidió a partir.
Joaquín recuerda que una de las cosas que más le sorprendió fue el viaje en tren. Ellos cogían el tren en A Coruña e iban sentados, pero al llegar a León era tal la cantidad de gente que ya no cogían en los asientos e iban amontonados en los pasillos. Era imposible caminar, y la gente salía por las ventanas. Además, cuenta que los asientos eran de madera, por lo que llegaron a su destino completamente entumecidos.
Durante los primeros meses en el País Vasco se empleó como zapatero, oficio que ya ejercía en Galicia. No obstante, como este trabajo era muy duro acabó por dejarlo, y su primo lo metió en un taller de máquinas y herramientas. Aunque en el País Vasco había mucho trabajo y mucha industria, no tenían viviendas suficientes para tanta gente. Por eso, el principal problema con el que se encontraron fue que tuvieron que compartir una casa vieja, viviendo cuatro o cinco familias juntas.
En el País Vasco los gallegos tenían mucho trabajo donde elegir. Estaban muy bien valorados, y los empresarios los iban a buscar a los trenes para hacerles ya contratos indefinidos. Por otra parte, se trabajaba según la producción en prima y siempre había incentivos para que la gente trabajase más.
Joaquín mantenía el contacto con la familia a través de dos o tres cartas semanales, ya que aún no había teléfono. Aunque estaban muy bien integrados en la vida allí, también sentían mucha nostalgia de Galicia, y tres veces al año volvían para pasar aquí las vacaciones. El regreso definitivo fue en el año 2000, motivado por su jubilación y por el fallecimiento de un hijo; allí no tenían nada que los atase, y aquí tenían a la familia. No obstante, les costó volver a adaptarse a la vida en Galicia; el primer año fue malo de llevar, e incluso llegaron a arrepentirse de haber regresado.
Joaquín valora su experiencia en la emigración como muy positiva y afirma que, si tuviesen que volver, no lo dudarían. Allí hicieron grandes amigos y fueron siempre muy bien recibidos.

Joaquín con su mujer y su hijo