Háblame de la emigración

Marisa nació en 1936 en una aldea de Tenorio, Cotobade (Pontevedra). Su padre, sin posibilidades laborales, emigró a Caracas (Venezuela) cuando ella tenía 14 años. En aquel momento, los viajes en barco partían desde Barcelona, y posteriormente desde Vigo, haciendo escalas en Tenerife o Cádiz. El trayecto duraba 15 días y era muy duro; había gente que iba mareada durante todo el viaje.


La primera vez que Marisa fue a Venezuela lo hizo en un camarote común que compartía con el resto de pasajeros; en viajes posteriores, las condiciones de los barcos ya habían mejorado y había camarotes para cuatro personas.
En 1952, después de un año en Caracas trabajando en diversos oficios, el padre de Marisa volvió para buscar a su mujer e hijas. Una vez instalada la familia en la capital venezolana, su madre encontró trabajo como costurera, y Marisa en una fábrica checoslovaca de ropa donde tenía que doblar, cortar... La jornada laboral era continua y había buen compañerismo. Su hermana, que era más pequeña, iba al colegio.


En aquel momento el desarrollo industrial de Venezuela era muy superior al de España, y Caracas era una ciudad muy moderna. Al principio, vivían los cuatro en la misma habitación de una pensión. Se trataba de una casa colonial donde la cocina era compartida con otras cuarenta personas. Allí se relacionaba con venezolanos, e hicieron muy buenos amigos.


Tiempo más tarde, sus padres emprendieron un negocio, una pensión llamada Islas Canarias, que años después traspasarían para volver a Galicia, donde pudieron comprar una casa y una finca. En esta etapa en Galicia, Marisa estudió corte y confección. Años después, la familia decidió regresar a Caracas y ella volvió a trabajar en la misma fábrica, donde fue ascendiendo hasta ser la responsable del trabajo de cincuenta personas.
En 1960, Marisa se casó en Caracas con un español. En este tiempo, su padre sufrió un infarto y necesitaba cuidados, por lo que a su familia regresó de vuelta a Galicia. Ella se quedó en Caracas, tuvo un hijo, y se dedicó a coser en su piso alquilado. Durante los primeros meses, su hermana le ayudaba con los cuidados del bebé, pero después lo trajo para España para que ellos pudiesen seguir trabajando.


Cando su padre falleció, Marisa y su marido regresaron para estar con su hijo y porque añoraban a su familia y a su tierra. Aquí tuvo otros dos hijos y se dedicó a su cuidado hasta 1972, cuando volvió a coser. Se asoció con otra señora, y juntas confeccionaron todo tipo de prendas, dedicándose en los últimos años a los trajes de novia.