Háblame de la emigración

Antonio emigró a Alemania con veintiséis años y con un contrato de una empresa de O Porriño que necesitaba oficiales para el área industrial de Dormund. Su trabajo consistía en la fabricación y montaje de grandes piezas hidráulicas y otros labores de especialista, por lo que pronto conoció bien todas las ramas del sector metalúrgico. La experiencia laboral de Antonio comenzó como oficial en una fábrica de conservas en Coia, donde se especializó en la mecanización de procesos de fabricación y envase de conservas.
La adaptación al trabajo y a su vida en Alemania fue buena. Su traslado tuvo la peculiaridad de que, de los seis oficiales que iban contratados desde Vigo, O Porriño y Moaña, él era el único que se iba con su mujer, puesto que estaba casado desde hacía muy poco. Su jefe de equipo buscó un hostal para el matrimonio, mientras que el resto de la cuadrilla gallega compartía piso. En esa primera etapa, Antonio se levantaba a las cuatro de la mañana para llegar al trabajo a las seis, pero pronto se trasladaron a un piso mejor situado, donde disponían de cocina y un dormitorio. El aseo estaba fuera de este espacio, en las escaleras, y lo compartían con los dueños del piso.

La mujer de Antonio, maestra de corte y confección, pronto encontró trabajo en un centro de reparación de ropa. El nivel de vida en Alemania era más alto que en España ―en esa época el marco valía 14.30 pesetas―, y al disponer de dos buenos salarios, uno de ellos lo podían ahorrar prácticamente todo. En general, allí hacían una vida muy similar a la que tenían por costumbre en Galicia. Todos los días cogían el tranvía ida y vuelta juntos, y en el Centro Español compraban alimentos.
Antonio hizo en Dormund muy buenos amigos, tanto españoles como alemanes. El retorno tuvo lugar en 1974 al fallecer su padre, pues al ser el hermano mayor, su madre quiso que se volviese para la casa. Antonio dice que esta decisión no le pesó en absoluto. En Vigo lo reconocieron como técnico alemán y pronto encontró un buen trabajo en un taller de metal, donde ejerció durante casi veinte años.

Muchos años después, Antonio volvió a Dormund, ya como visitante, junto con otro de sus compañeros de Moaña que había estado allí emigrado. Los dos ansiaban visitar la ciudad y los lugares de su vida, pero ambos se sorprendieron con todos los cambios, pues ya nada era igual a como ellos lo recordaban.

Carnet de conducir alemán