Háblame de la emigración

Es el marido de Josefa Calvo. Aniceto se marchó a Alemania con veinticuatro años y con un contrato de trabajo. Su cuñado, empleado en la Opel en Alemania, le había comentado que en el país buscaban gente y que había oportunidades, y por ello decidió partir.
Los dos primeros años trabajó en una fábrica de cemento. Estuvo durante tres años en el turno de mañana y tarde, y después se cambió para el turno de noche porque ganaba más (un marco más la hora), y porque así su mujer podía trabajar durante el día mientras él se encargaba del cuidado de los niños.
Los fines de semana se dedicaban a pasear por los parques, que eran muy grandes y con animales, y les llevaba un día verlos. También recuerda con ternura las fiestas de fin de año, cuando todos los gallegos se juntaban para cenar, cocinando cada uno su comida.
Aniceto afirma que Alemania lo acogió muy bien porque era muy educado y honrado, y los alemanes esto lo valoraban mucho. Después de diez años en el país, decidieron volver a Galicia.