Háblame de la emigración

Olimpia Castiñeira Capelo, natural de Cee, emigró a Suiza en 1979. En aquel momento acababa de casarse con su marido Juan, tenían una hija y no tenían vivienda propia, por lo que emigraban con la esperanza de conseguir una mejor situación. Su hija se tuvo que quedar aquí al cuidado de los abuelos y de las tías, ya que no la podían llevar hasta cuatro años más tarde, por no tener permiso de trabajo.

En Suiza su marido encontró trabajo en la construcción y ella tuvo diferentes empleos: en una tienda, una panadería o una empresa de limpieza. Allí el sueldo era mucho mayor que el que había en España. Con solo el suyo ya les llegaba para vivir, y el de su marido lo ahorraban y enviaban dinero para aquí.

En aquel momento el avión para Suiza era carísimo y casi siempre hacían el viaje en taxi, cuatro personas juntas para que les saliera más económico. Se tardaba dos días y una noche en llegar.
El matrimonio volvió en 1984, y a su llegada se encontraron con una situación similar a la de cinco años atrás, cuando se marcharan: Estaban de nuevo sin trabajo, en el paro, y los sueldos en aquel momento seguían siendo bajos, no llegaba para mantener una familia ni para comprar un piso o hacer una casa. La situación económica de Suiza y Galicia era totalmente distinta: aquí el sueldo era de 40 000 pesetas al mes aproximadamente (240 €), y en Suiza de unos 3000 francos (1800 €). Las condiciones allí eran buenas, pero aquí se pasaba mal.

Olimpia considera que la vida en Suiza estaría bien si se hubiese podido llevar a su familia, ya que guarda muchos recuerdos tristes de aquellos momentos que tuvo que pasar sin su hija.