Háblame de la emigración

Francisco Martínez Canoura, mi abuelo, nació en 1930 en Foz (Lugo). Los problemas en su familia comenzaron pronto, en 1936, con el inicio de la Guerra Civil. Su padre, republicano, tuvo que escapar al monte para evitar represalias. Los fascistas iban a su casa e interrogaban a la familia para conseguir información sobre su paradero, pero ellos nunca lo delataron. Ante esta enorme tensión y represión, muchos huían a América y Europa.

Mi abuelo se fue en 1949 cuando un tío suyo, que se había ido a Buenos Aires escapando de la guerra, le envió una «carta de llamada». Su padre le consiguió un pasaje en el barco Cabo de Hornos, que salía de Italia con escala en Cádiz, y lo acompañó hasta allí en tren. Le había comprado un billete en primera clase, muchísimo más caro, porque no quedaban pasajes más económicos. Todavía conserva el billete de barco, de 5963 pesetas, una auténtica fortuna en aquella época. Mi abuelo, que tenía diecinueve años, recuerda la sensación de incomodidad e inseguridad que le producía no conocer los modales y costumbres en la mesa ni los hábitos de comportamiento social en aquel ambiente tan elitista.

El viaje duró alrededor de un mes. Los tripulantes de primera clase se podían mover con libertad por el barco, mientras que los demás pasajeros no podían salir del lugar asignado para ellos. Durante el viaje, un chico que tenía una empresa en Buenos Aires le enseñó modales y normas propias de ese ambiente y le prestó 100 pesetas, ya que mi abuelo llevaba tan solo una pequeña maleta con todo lo que tenía. Unos meses después de su llegada ya le pudo ir a devolver el dinero, tal y como le había prometido.

Al llegar a puerto la gente esperaba para recoger a sus familiares menores de edad, y a mi abuelo lo esperaba su tío, que vivía cerca del puerto de Buenos Aires. Él le dio un buen trabajo en su empresa, y así comenzó su próspera vida en la ciudad bonaerense. Trabajaba mucho, pero por fin la vida le sonreía. En el Centro Gallego de Buenos Aires, donde se reunían todos los emigrantes gallegos, conoció a mi abuela, hija de unos fundadores del Centro. Allí nació su hijo, mi padre, que se libró de ir a la Guerra de las Malvinas contra Gran Bretaña por tener la doble nacionalidad, y allí nací yo, su nieto.

Con los años, la vida en el país fue empeorando y cada vez resultó más difícil para todos. En 2002, poco tiempo después de nacer yo, la familia al completo decidió marcharse en busca de una vida mejor, y así fue como los abuelos, mis padres y yo vinimos para España. Primero nos instalamos en Foz y poco después nos mudamos para Lugo por motivos laborales.
Mi abuelo habla del buen trato que Argentina le daba a la emigración gallega. Nadie se sentía discriminado, sino que allí se valoraba el esfuerzo y la dedicación que los emigrantes ponían en su trabajo y en un país que no era el suyo, caso contrario al que vivimos mis padres y yo en nuestra experiencia como inmigrantes en España.

Autorización paterna porque era menor de edad
Billete de ida a Argentina en el barco Cabo de Hornos
Certificado médico imprescindible para poder embarcar
Certificado médico imprescindible para poder embarcar
Documento de compromiso del tío en el que se hace responsable del menor
Carta de invitación de su tío para emigrar a Argentina
Pasaporte