Háblame de la emigración

Como casi todas las personas de origen americano, mi genealogía es rica en historias de emigrantes, favorecida, entre otras cosas, por ser puntualmente Venezuela, a lo largo de la historia, un país receptor de inmigrantes.
A lo largo de la historia, desde la época en la que Venezuela era una colonia española, y siendo un territorio con muchísimas riquezas naturales y con una ubicación privilegiada para el comercio, los venezolanos somos una mezcla de incontables razas y nacionalidades.

Este es mi árbol genealógico, hasta donde actualmente tenemos conocimiento. En él podemos encontrar a:

• Juan Urgelles, nacido en el año 1800, quien según las investigaciones aún por confirmar, pudo haber nacido en Vilanova, Cataluña, y se trasladó a América, desde el puerto de Sitges, a bordo de una saetía, como ayudante de dos comerciantes que viajaban a América para vender mercancía que llevaban desde España. Su esposa, Petronila Püig, también era, presumiblemente, de origen Catalán. Ellos se establecieron en el oriente venezolano, en un pueblo llamado Río Caribe, un lugar privilegiado para el comercio entre tierra firme americana y las islas del Caribe y Europa, además rica en cultivos de cacao que durante el siglo XIX fue uno de los principales productos de exportación hacia Europa. Allí tuvieron su descendencia, entre los cuales, 5 generaciones después, está mi abuelo materno.

• François Marie Antonorsi Franconni, mi tátara-tátarabuelo, también ancestro de mi abuelo paterno, nació en el año 1860 en Cagnano, Córsega, una isla del mar Mediterráneo perteneciente a Francia y que hasta el siglo XVIII formaba parte de Italia. Desde allí se trasladó, creemos que con su padres Pierre Antoine y Marie Rosarie a Río Caribe, el mismo pueblo, donde se casó con una de las descendientes de Juan Urgelles.

• Santiago Nicasio González Bethencourt, nacido en el año 1883 en la Villa de la Orotava en la isla de Tenerife, Canarias. Aunque desconocemos las razones que le hicieron emigrar junto con algunos de sus hermanos, sabemos que mientras vivó en Canarias ejercía el oficio de carpintero y ebanista, y al llegar a Venezuela se desempeñó como cochero o auriga. Vivió en Caracas, la capital de Venezuela, allí se casó y tuvo 3 hijas. Él es el abuelo de mi abuela materna: mi tatarabuelo. De él no conocemos mucho ya que murió joven dejando a sus hijas aún niñas y así pocas anécdotas que contar a su descendencia. Su esposa Ana Eusebia Hernández García, también descendía de canarios, sus padres fueron los que emigraron de Europa hacia América.
Eso por el lado de la familia de mi madre.

Ahora por la de mi padre:

• Juan de Dios Martín Arvelo, mi bisabuelo, padre de mi abuela paterna, nació en Caracas, hijo de Canarios, siendo niño, sus padres retornaron a las Islas Canarias, donde vivió algunos años para luego regresar a Venezuela donde hizo familia.

• Carmen Santiago Docal y Evencio Domínguez Arias, padres de mi abuelo paterno, ella Gallega de la provincia coruñesa, y él de León, decidieron emigrar a Venezuela en 1958 y con ellos emigraron sus hijos, y así llegamos a la historia moderna de la emigración de mi familia, donde les cuento de personas vivas y que conozco.

Mi abuelo tenía 15 años cuando viajó en un barco llamado Begoña, que tardó 13 días en cruzar el océano con una parada en Vigo y en las Islas Canarias con destino final el puerto de La Guaira, para residenciarse en Caracas junto a sus padres. Allí se desempeñó como comerciante en diferentes áreas, se casó y tuvo hijos. Él cuenta que en Venezuela, a pesar de la buena acogida de los residentes, de llevar una vida normal y hacer su propia familia, siempre se sintió emigrante, por la nostalgia que los recuerdos de su Coruña y sus entrañables amigos, sin embargo, sus nuevos lazos familiares y de amistad creados y tantas vivencias de muchos años, le hicieron amar a Venezuela como a su propio país. Se unió a la “Hermandad Gallega de Venezuela”, creada por la inmensa comunidad de gallegos que ahí vivían, en lo que terminó siendo un club social grande se reunían con sus nuevas familias, hacían deporte, tenían restaurantes de comida gallega hacían fiestas, tenían agrupaciones culturales que les ayudaban a relajar la nostalgia por su tierra. Casi 40 años después, cuando retornó a Coruña, sintió de nuevo aquella sensación de dejar atrás parte de su vida, de nuevo se sentía emigrante por traer costumbres y hasta un acento distinto, hasta que poco a poco se volvió a integrar. Con él viajó también su esposa, mi abuela, que es nacida en Venezuela, una emigrante más…

Por último voy a hablar un poco y de manera breve a cerca de mis padres, mi hermana y yo. Nosotros cuatro, nos vinimos a España, Coruña más específicamente, hace casi cuatro años, debido a la mala y poco estable situación política, económica y social que hay en Venezuela. Dejamos nuestra casa, mis padres dejaron su propio negocio, mi hermana dejó la universidad que a penas la estaba comenzando y en la carrera que ella quería, y yo, aunque solo tuviera 11 años cuando eso, podríamos decir que igualmente lo pasé un poco mal, ya que dejé el colegio en el que había estudiado durante casi toda mi vida, mi equipo de natación, mis amigos y mi familia, y pues en lo personal pienso que eso puede afectarle hasta cierto punto a alguien menor.

Tras la llegada a España, mis abuelos paternos nos acogieron en su casa, donde a día de hoy seguimos estando. Mis padres tuvieron que hacer varios cambios en cuanto al ámbito laboral debido a que tuvieron que buscar nuevas salidas ya que no encontraban oportunidades en los espacios en los que ellos se desenvolvían. Mi hermana tuvo varios inconvenientes también con la universidad, porque la carrera que ella quería estudiar, no la enseñan en la universidad de aquí, por lo que tuvo que ir a estudiar a Ferrol, y finalmente optó por cambiar de carrera para poder estudiar en Coruña.

Yo, al llegar aquí en el último año de primaria, en un país en el que no sabía cómo iban a recibirme, a tratarme, no sabía si me iba a ser fácil adaptarme, pues no lo pasé muy bien… De hecho, en esos momentos solo pasaban cosas malas por mi mente. Pero afortunadamente me equivoqué, tanto profesores como compañeros hicieron que mi llegada y adaptación fuera rápida, amena y agradable. Y la verdad, el primer mes que estuve aquí no lo pasé nada bien y las primeras semanas de clases puede que las haya pasado un poco mal, pero a partir de ese momento, tanto social como académicamente me ha ido muy bien.