Háblame de la emigración

En 2001 mi madre, Marlene, llegó a España casada con mi padre José Antonio, que era español. Mis padres estuvieron 10 años casados y 10 años viviendo los dos en Caracas, Venezuela. En diciembre de 2002 me tuvieron a mí, su primera y única hija, y tres meses después de mi nacimiento decidieron separarse.
Para mi madre fue difícil estar en un país desconocido, con costumbres diferentes y un clima totalmente diferente al que había en Venezuela. Ella tuvo que quedarse en España sin poder volver a su país, porque tuvo una custodia compartida con mi padre y, si volvía, la perdía.
En 2008, 7 años después de haber salido de Venezuela, mi madre y yo fuimos a visitar a toda nuestra familia, los años anteriores habían venido algunos familiares como mi abuela, Adela, mis tías, Miriam y Cristina, también habían venido varias amigas y amigos de mi madre. Volvimos 3 veces más después de la primera vez.
Para mi madre fue difícil venir a España y quedarse en este país, pero también fue difícil volver y reencontrarse con los suyos para después despedirse y no saber cuándo los volvería a ver, porque, al fin y al cabo, el corazón del emigrante está siempre dividido entre su país natal y el lugar a donde decide partir.