Háblame de la emigración

Mi abuela emigró porque, igual que la mayoría de las personas del campo en aquella época, en su pueblo natal "O Barro" (A Coruña), no había ninguna posibilidad para ganarse la vida, siendo su familia muy numerosa.

Mi abuela había conocido años atrás a mi abuelo José, si bien a los pocos años mi abuelo emigró él solo a Lyón (Francia), para trabajar como albañil. En el año 1964 mi abuela volvió a ver a mi abuelo, gracias a que él había regresado durante unas vacaciones, y en febrero del año 1965 se casaron con 22 años. A los quince días de casarse, se marcharon juntos para trabajar en la ciudad de Lyon, Francia. Allí mi abuela empezó a trabajar de inmediato en una fábrica de hilos que hacían uniformes para militares. La fábrica se llamaba "C´fullet", cobraba los días 5 y 20 de cada mes 150 francos, mientras que mi abuelo ganaba algo más. Los comienzos fueron muy difíciles ya que, aunque el nivel de vida de Francia era muy superior al de España, mis abuelos carecían de casi todo. Habían salido de casa con una maleta cada uno, en la que llevaban algo de ropa, unos zapatos de repuesto y algo de embutido.
Unos años después la fabrica cerró, pero mi abuelo le consiguió un trabajo en una fábrica de componentes eléctricos. Esta fábrica se llamaba "Electro-fil", y allí estuvo trabajando hasta que consiguió encontrar otro trabajo más cómodo en un Centro escolar, donde servía la comida, hacía las camas y limpiaba.
Mi abuela me dice que, aunque es cierto que echaban mucho de menos a la familia, en Francia se encontraban a gusto, la relación que tuvieron con los franceses y otros emigrantes fue muy buena. Era consciente que en el pueblo, además de a la familia, había dejado atrás pobreza y privaciones. A ella no le costó integrarse gracias a que mi abuelo ya había emigrado antes a Francia, y había encontrado muy buena amistades con los amigos y vecinos. Una vez a la semana se reunían todos los españoles del hostal para hacer una cena y contar anécdotas o historias personales, lo que hacía muy llevadero el estar en un país extranjero. Escribían a la familia una vez a la semana. Las cartas las hacía mi abuelo, porque sabía escribir mejor y tenía mejor letra, pero mi abuela le decía lo que debía poner. En el año 1969 nace allí la que sería mi madre, Rosa Bardanca. Cuando mi madre cumplió los 6 años, debía escolarizarse en primaria, por lo que tuvieron que tomar la gran decisión, permanecer en el país o regresar a casa. Decidieron retornar a casa en el año 1975, con los ahorros que hasta entonces habían conseguido reunir, vendiendo todos sus muebles.
El viaje de vuelta fue en su propio coche, un "sinca 1300", de los que se veían pocos por aquí. Duró 2 días, durmiendo en el propio coche. A pesar de que tenían dinero, no durmieron en hoteles, porque lo estaban ahorrando.
Mi abuela me sigue contando como al llegar, vivieron en La Coruña, concretamente en la calle Barcelona. Al principio extrañaban mucho las costumbres de aquí y sobre todo el nivel de vida, que era muy bajo en comparación con el que habían dejado en Francia. Los comienzos volvieron a ser duros. Pese a que habían traído suficientes ahorros como para comprarse su vivienda, ella tuvo que dedicarse al cuidado de mi madre, mientras su marido (mi abuelo José), seguía trabajando como albañil, aunque ganaba menos de la mitad que en Francia, por lo que se sintieron algo arrepentidos de la vuelta.
Mi abuela nos comenta al final que, pese a todo el esfuerzo y momentos tristes, recuerda con gran cariño aquellos años y no se arrepiente nada haber emigrado. Pudo prosperar, hacerse independiente, trabajar ganando un salario digno, conocer otros lugares, otras personas y otras formas de vivir.