Háblame de la emigración

Esta es la historia de vida de mis abuelos maternos, Antonio Expósito y Amadora Novoa, dos gallegos cuyos caminos se juntaron en el País Vasco, para no separarse nunca.

Antonio Expósito nació el 8 de octubre de 1939 en Palas de Rei, una villa de Lugo. Era el noveno de diez hermanos, hijos de un matrimonio que poseía un ultramarinos y una pequeña ferrería. Antonio pasó allí toda su infancia y juventud. Al regresar del colegio, los hombres ayudaban en la herrería y las mujeres a servir comidas en el ultramarinos. Antonio, tras finzalizar la escuela y hacer la mili, emigró en 1960 al País Vasco con el objetivo de mejorar su posición profesional (realizó diferentes cursos nocturnos de maestría y delineación) y en búsqueda de un horizonte mejor.

Amadora Novoa nació el 13 de septiembre de 1941 en Vilar de Monte, una pequeña aldea en Lugo. Era la menor de seis hermanos, hijos de un matrimonio dedicado a la ganadería. Durante su infancia y juventud Amadora compaginaba la escuela con su colaboración en las tareas de la casa. A punto de cumplir los diecisiete años, Amadora perdió a su padre y tiempo después, en 1959, emigró al País Vasco, donde ya estaban sus cinco hermanos mayores.

Casualidad o destino, Antonio y Amadora se conocieron en el verano del año 1960, en una noche de baile en Portugalete, donde ambos acostumbraban ir casi todas las semanas. Ella trabajaba coma costurera y él en una empresa de metalurgia.

En marzo de 1962, y tras estar dos años juntos, Antonio y Amadora se casaron en Portugalete y en 1966 tuvieron a su única hija.

La familia vivió en Portugalete hasta el año 1975 cuando, por un cambio de empresa de Antonio, marcharon a Bilbao, donde vivieron hasta su jubilación.

La familia nunca perdió el contacto con sus orígenes Todos los años ibaan, tanto en el verano, donde compartían mucho tiempo en familia, coma en Navidad, Semana Santa, o distintos eventos familiares, coma bautizos o bodas. Para ellos, la relación con sus  familias fue siempre muy especial y lo más importante.

En los años previos a sus jubilaciones, construyeron uha casa en la finca familiar de Palas de Rei, la villa de la infancia de Antonio, que se acabó de construír en 1993 y a donde iban todos los veranos.

Antonio y Amadora continuaron viviendo en Bilbao, donde ya tenían su vida hecha y estaban muy a gusto, hasta el año  2001 cuando, con la jubilación de Antonio, marcharon a su casa de Palas de Rei, donde quedarían definitivamente.

Antonio y Amadora recuerdan su época en la emigración como una época feliz, pero de mucho trabajo.

Emigraron en una etapa en la que nuestro país estaba bajo la ditadura de Franco y en la que además, tras su muerte, se vivieron en el País Vasco unos años políticamente complicados.

Ambos coinciden en que en los cuarenta años que vivieron allí, pasaron de ser unos jóvenes a convertirse en las personas que son. Conocieron muchísima gente, tanto emigrantes como ellos, como personas nacidas en el País Vasco, con las que compartieron bueas experiencias y aún mantienen contacto. En definitiva, se formaron ellos y formaron su vida allí pero, las vueltas de la vida quisieron que volvieran para siempre a Galicia, a su tierra.