Háblame de la emigración

Mi abuela, Pilar, es la primera hija de una familia de 5 hijos. Nació en la ciudad de Alicante el 17 de enero de 1944 en una familia más o menos acomodada. Su padre tenía un trabajo estable y digno, era editor en una editorial reconocida. Ella, como la mayor de sus hermanos y como mujer, no pudo tener el privilegio de ir a una escuela, en cambio, se pasaba el día ayudando en casa, aprendió a cocinar y a tejer a una temprana edad.

A sus 17 años su padre emigró a un país desconocido para ella, un supuesto paraíso en el que les habían prometido un cambio comparado con la España de esos años. A su padre le ofrecieron un trabajo en el 1961 en Caracas, Venezuela. Después de un año, mi abuela y el resto de su familia consiguió los billetes para irse definitivamente a Venezuela. Salieron en 1962, en un barco en el que no cabía una persona más, estaba a rebosar. Mi abuela cuenta que esos 13 días de viaje lo pasó bastante mal, pero igualmente tenía la ilusión para llegar a su nuevo hogar para los siguientes 40 años.

Al llegar le sorprendió bastante las libertades que podía tener una mujer, por ejemplo, ella estaba acostumbrada a ir completamente tapada, pero a llegar a Venezuela comprendió que las mujeres no tenían miedo de nada y tenían la misma libertad que los hombres.

Ella no se relacionaba con los propios venezolanos, ella vivía en una comunidad llena de inmigrantes de toda España, en la que se sentía más cómoda, ya que casi nunca salía de allí.

Mientras vivía con sus padres, tenía que aportar una ganancia para ayudar económicamente para mantener la casa. Empezó trabajando en una fábrica de textiles en la que tejía en su casa y cada cierto tiempo llevaba las prendas a la fábrica, mi abuela con ese trabajo ganaba más que su padre.

Luego, ya casada, montó el negocio de sus sueños, una galería de arte en la que ella pintaba los cuadros. Tuvo bastante éxito, teniendo un importante reconocimiento en la localidad.

En el 2000 empezó la decadencia de Venezuela ya con Hugo Chávez en la presidencia, la criminalidad creció exponencialmente en los últimos años al igual la inflación, para mi abuela ya era insostenible vivir en el país que le había dado tanto hasta entonces.

Ya con sus hijos en otro país, mi abuela decidió volver a su país natal. Como se casó con un gallego, él aún mantenía su residencia en su pueblo natal, la Isla de Arosa. Allí reside desde entonces.
Mi abuela tiene un muy buen recuerdo sobre la emigración, pues al principio fue bastante difícil, como es normal, pero Venezuela la acogió con los brazos abiertos. Ella considera Venezuela, su verdadera residencia, el lugar donde se enamoró, el lugar donde crió a sus hijos, el lugar donde fue feliz.